Relato mágico

Esta es la historia de Carlos y Clara; un médico y una enfermera de atención primaria de Barcelona. Muestra como lo más pequeño puede llegar a ser muy importante y lo más simple puede convertirse en algo muy mágico.

Se conocieron en 2007 cuando ella empezó a trabajar en un ambulatorio de Horta. Mejor dicho coincidieron en esa fecha pero realmente se conocieron unos años después cuando les asignaron el mismo horario y los mismos pacientes. En poco tiempo pasaron a tener confianza mutua, ayuda recíproca y un punto de apoyo que les permitiría crecer , valorar y disfrutar de su jornada laboral.

Carlos tenía 32 años, estaba casado y tenía un hijo. Al poco tiempo nacería también su hija. Su mujer era periodista y le fascinaba la historia, cosa que le había llevado a escribir sobre ese tema. Clara tenía 28 años, se había casado hacía poco con un arquitecto y habían disfrutado de un crucero por las Islas Griegas que jamás olvidarían.

Carlos y Clara eran muy diferentes pero a la vez tenían mucho en común. Carlos era alto, moreno, sabía escuchar y le encantaba salir a correr muy temprano. Era el primero en llegar al trabajo y el primero en ofrecer su ayuda a quien lo necesitara. En momentos de tensión, Carlos transmitía serenidad, cosa que favorecía el trabajo.

Clara se definía como una chica simpática y optimista, disfrutaba con todo lo que hacía y siempre tenía alguna historia que contar.  A pesar de que ella era muy nerviosa, habitualmente se mostraba tranquila y mantenía la calma hasta que llegaba un momento de tensión y se desbordaba. Sus mayores aficiones eran la natación y la pintura, actividades que practicaba a menudo.

A ambos les habían asignado dos mil quinientos pacientes , la mayoría eran mayores de 60 años. Era una población con nivel económico y cultural medio-alto. Mantenían una relación cordial y siempre se mostraban agradecidos con su equipo médico. Sin embargo, a veces, el tiempo destinado a cada visita no era suficiente y debían alargarlo según las necesidades. Desgraciadamente , así es como empezaban los retrasos , se acumulaba el trabajo, se dejaban de hacer los descansos o incluso se atrasaba el momento de ir al baño. Esta situación repetida día tras día afectaba el bienestar de Carlos y Clara generando cansancio, ansiedad y  estrés.

Y es que las necesidades básicas deban estar cubiertas es algo que aprendió Clara de una de las pioneras de enfermería; Virginia Henderson. Ella ella su hada madrina y le recordaba lo básico para sentirnos bien y la importancia de esto para poder ofrecer cuidados. Clara compartía esa pócima con todo su entorno, esa simple y básica fórmula magistral.

Clara puso en marcha todas esas pequeñas cosas; hizo un curso de gestión del tiempo, reanudó los descansos y las meriendas, se mantenía hidratada y disfrutaba de sus aficiones al salir del trabajo.

Carlos se creía más fuerte y nunca hacía pausas. Con el tiempo eso le llevó a padecer unos problemas renales, estrés e incluso una pérdida de peso. Poco a poco, el también iría cambiando hábitos y mejoraría su presión asistencial.

Al principio Clara compartía su merienda con Carlos y le recordaba beber agua . El aprendió muy rápido y pronto empezó a llevarse al trabajo manzanas para toda la semana. De vez en cuando, tenían que trabajar fuera del centro y empezó a ser tradición merendar por el barrio. Era un momento de relax, de resolver casos, de hablar de inquietudes y proyectos personales y de un aprendizaje que a ambos beneficiaba.

Volviendo a las necesidades de Virginia Henderson ; comunicarse y recrearse. ¡Qué sabia mujer!

Tuvieron diferentes alumnos tanto de medicina como de enfermería y todos valoraban su buena relación y el trabajo en equipo que ambos llevaban a cabo. En este caso y de nuevo recordando a Henderson siempre hay algo nuevo que aprender  a lo que podemos añadir que también siempre hay algo que enseñar y compartir con quien nos rodea.

Al cabo de 6 años de trabajar juntos, trasladaron a Clara a otro centro de salud. En una nota de despedida, esto fue lo que ella le dijo a Carlos; Tu confianza, tu ayuda y nuestra comunicación me han hecho crecer día a día. Carlos le regaló a ella un libro titulado “La sonrisa de las mujeres” y se lo dedicó diciendo; Ha sido una gran suerte trabajar a tu lado todos estos años. Has conseguido que todo fuera más fácil.

Ambos mantuvieron contacto telefónico y volvieron a encontrarse algún día en el ambulatorio. En la última visita Carlos le enseñó orgulloso a Clara la botella llena de agua que ella le regaló y que a modo de varita mágica, él la conservaba y sacaba buen uso de ella habiéndose olvidado desde hacía tiempo de sus problemas de riñón .

Y es que a veces, buscar el lado mágico y simple en las situaciones más difíciles, ayuda a hacer la vida más llevadera, más saludable y nos hace sentir más felices.